@| «Que hoy exista
una muy aparente y más que frágil tregua entre Israel y el grupo terrorista
Hamas, y que el foco de atención pública esté dirigido a ver qué hacen 40
países contra el Califato medieval instalado en Irak y Siria, no quiere decir
que lo que haya sucedido hace un mes o dos se desvaneció en el túnel del tiempo.
No se desvaneció el escenario de Medio Oriente, porque la llamada tregua está
por finalizar y el único dato concreto es que Hamas se está rearmando, dato que
solo interesa a Israel, porque eso no es relevante ni para el Consejo de
Seguridad y sí un estímulo para los cómplices de Hamas.
Menos todavía se esfumó
en las brumas del tiempo el oleaje barbárico de antisemitismo que corroe
Europa, y que ha tenido una fuerza apreciable y despreciable en América Latina.
La memoria hace a la vida y el futuro de todo pueblo. Un pueblo sin memoria, no
tiene historia, y aquel que olvida el pasado está condenado a sufrirlo de
nuevo. Y esto no es filosofía, es lo que le ha sucedido al hombre desde el
principio de los tiempos. La comunidad judía fue emplazada en Venezuela y
Uruguay a salir a viva voz a condenar ‘los crímenes de Israel’.
¿Y los reales crímenes de
Hamas, que hoy ya se saben con detalles milimétricos porque los periodistas
apresados en las garras de Hamas hoy están en su libre hábitat sin censura y
los han narrado?
Ah, no! De eso no se
habla. Quien emplazó aquí a la comunidad judía nunca ha admitido que Hamas es
un movimiento terrorista, todo lo contrario, ha dicho que Gaza es ‘un campo de
concentración’. Vaya! Un campo de concentración con armas de última generación,
25 mil milicianos armados por Irán, edificios de 20 pisos, carreteras,
comercios, colegios, mezquitas. Vaya campo de concentración! Ni esto, ni las
pintadas antisemitas por Montevideo, Canelones, Maldonado, ni la acusación de
Israel como genocida, ni las pintadas y los agravios que ‘hoy’ no se detienen,
son pasado, son, una realidad, no juguemos con la memoria, es un juego
peligroso, como todos sabemos. Y mucho menos juguemos a negar la realidad,
porque la realidad son los hechos, no las interpretaciones, y los hechos están
aquí, delante de nuestros ojos, pintados en las paredes de nuestras ciudades,
alentados por dichos y actitudes que avergüenzan la maravillosa historia de
nuestro país».